Ser auténticos y fieles a Cristo es la verdadera revolución
Publicado el 17 Aug 2025 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)
Homilía – Domingo XX del Tiempo Ordinario, Ciclo C
Introducción
Jesús dice hoy en el Evangelio una frase que nos sorprende: “He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo desearía que ya estuviera ardiendo!... No he venido a traer paz, sino división” (Lc 12,49-51). Palabras fuertes, que parecen contradecir lo que tantas veces escuchamos: “Mi paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 14,27). ¿Cómo entenderlas sin equivocarnos?
Desarrollo
La primera lectura del profeta Jeremías (Jer 38,4-6.8-10) nos muestra a un hombre fiel a la Palabra de Dios, que por decir la verdad es perseguido, arrojado a un pozo y puesto en peligro de muerte. Jeremías no buscaba pleitos, pero ser fiel al mensaje de Dios incomoda a los poderosos.
El salmo 39 nos pone en la misma sintonía: “Señor, ven a salvarme”. El justo que confía en Dios sabe que aunque lo rechacen, aunque lo critiquen, Dios lo sostiene y lo libera.
La carta a los Hebreos (Heb 12,1-4) nos recuerda que la vida cristiana es como una carrera que requiere esfuerzo y perseverancia. No se trata de un camino cómodo ni de medias tintas: “Fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma nuestra fe”.
Y así entendemos mejor el Evangelio. Jesús no es violento ni incita a la guerra. Pero tampoco se conforma con una paz falsa, una paz de silencio cómplice, de neutralidad cobarde. El mensaje de Cristo no admite medias tintas: o lo acogemos de verdad, o lo rechazamos. Y eso provoca división, incluso dentro de las familias, porque seguir a Jesús significa tomar partido por la verdad, aunque incomode.
Hoy también sucede: si evitáramos hablar de ciertos temas, viviríamos tranquilos. Pero, ¿sería esa la paz de Cristo? Callar ante la injusticia, ante la violencia, ante la manipulación de la vida humana, ante el pecado, no es ser fieles a Jesús. El Evangelio nos pide coherencia, valentía y autenticidad.
El fuego del que habla Jesús es su amor ardiente que purifica y transforma. Ese fuego quiere quemar en nosotros lo que es egoísmo, mentira, mediocridad. Quiere hacernos hombres y mujeres nuevos. Decía Emmanuel Mounier: “Solo se pide a los cristianos que sean auténticos. Esta es verdaderamente la revolución”.
Aplicación práctica
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Dejemos que Cristo encienda en nosotros el fuego de su Espíritu, aunque eso implique renuncias.
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No tengamos miedo de dar testimonio, aunque incomode. Ser cristiano no es complacer a todos, sino ser fiel a Jesús.
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Esta semana, pidamos valor para no callar cuando toque defender la verdad, en casa, en el trabajo, en la sociedad.
Conclusión
Jesús nos invita hoy a no conformarnos con una falsa paz, sino a vivir encendidos por el fuego de su amor. Ese fuego no destruye, purifica. No divide por odio, sino por fidelidad a la verdad. Que el Señor nos conceda ser cristianos auténticos, que ardan de su Espíritu y que, con la fuerza de su amor, transformen el mundo.
Por Pbro. Julio César Ponce García