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Una jornada de fe, alegría y fraternidad: los monaguillos de Neza celebran su Encuentro Diocesano 2026

Por: Pastorales Diocesanas •
Una jornada de fe, alegría y fraternidad: los monaguillos de Neza celebran su Encuentro Diocesano 2026

Entre cantos, oración, juegos y momentos de adoración, los pequeños servidores del altar vivieron un día para fortalecer su amistad con Jesús, renovar su compromiso de servicio y descubrir que la santidad también se construye en las cosas sencillas de cada día.

Nezahualcóyotl, Estado de México, 17 de octubre de 2026. Con el corazón dispuesto para encontrarse con Jesús y la alegría de compartir con otros niños que sirven al altar, se llevó a cabo el Encuentro Diocesano de Monaguillos en el Seminario Diocesano San José, una jornada organizada por la Dimensión Diocesana de Pastoral Vocacional para fortalecer la comunión entre las distintas comunidades parroquiales, alimentar la vida espiritual de los pequeños servidores y ofrecerles un espacio de formación, convivencia y sano esparcimiento.

Desde las 7:30 de la mañana comenzaron a llegar los primeros grupos de monaguillos, acompañados por sus coordinadores y familias. Poco a poco, el Seminario se llenó de sotanas, sonrisas y entusiasmo, reflejo de la entrega de tantos niños que, desde sus parroquias, colaboran con amor en las celebraciones litúrgicas.

El encuentro recordó que ser monaguillo es mucho más que desempeñar una función durante la Misa: es un servicio que requiere conocer la liturgia, cultivar una relación cercana con Jesús, aprender a vivir la disciplina y, sobre todo, comprender que cada tarea realizada en el altar es una oportunidad para crecer en la fe.

Caminando con Jesús, llevando alegría a las calles

Alrededor de las 8:30 de la mañana, los participantes salieron en procesión por las calles aledañas al Seminario San José, encabezados por el Santísimo Sacramento. Con respeto y devoción, los monaguillos caminaron siguiendo a Jesús Eucaristía, acompañados por los Payasos Eucarísticos Misioneros, quienes animaron el recorrido con cantos, porras y breves reflexiones.

La procesión se convirtió en un testimonio alegre de fe que llegó también a los vecinos de la colonia. Al ver pasar a los pequeños servidores, algunas personas salieron de sus casas para saludarlos y regalarles una sonrisa, haciendo de este momento una oportunidad para compartir la alegría de creer y reconocer la presencia de Jesús en medio de su pueblo.

La participación de los Payasos Eucarísticos Misioneros aportó un sello especial a la jornada. Este ministerio de evangelización, conocido también como Los Cuyos Guerrilleros del Señor, nació de la iniciativa de Francisco Iván Moreno, conocido como el payasito Kerigma, quien encontró en los recursos didácticos, los personajes y la alegría una manera de acercar a niños y jóvenes al mensaje de Cristo. Su misión busca anunciar el amor de Dios, compartir la Palabra del Señor y presentar a Jesús Eucaristía de una forma cercana, creativa y divertida. <Link url="https://desdelafe.mx/noticias/iglesia-en-mexico/la-asombrosa-historia-de-los-payasos-eucaristicos-de-la-megamision/" title="Conoce más sobre la historia de los Payasos Eucarísticos Misioneros"/>.

De regreso al Seminario, los monaguillos tuvieron un espacio para cambiarse la sotana, ponerse ropa cómoda y compartir los alimentos. Después, la música y la animación continuaron, transformando el lugar en una verdadera fiesta: hubo cantos, bailes y juegos con espuma que despertaron las risas y el entusiasmo de los participantes. Durante un momento de convivencia, los niños también pudieron acercarse a los misioneros, saludarlos y tomarse fotografías para guardar el recuerdo de esta experiencia.

Porque servir al Señor también se vive en comunidad, el encuentro ofreció a los pequeños la oportunidad de hacer nuevas amistades, reencontrarse con otros monaguillos y disfrutar de una jornada pensada especialmente para ellos.

Un momento para agradecer y poner los sueños en manos de Dios

Entre las actividades del día, uno de los momentos más significativos fue la Adoración al Santísimo Sacramento. En un ambiente de oración, los monaguillos tuvieron la oportunidad de detenerse, guardar silencio y encontrarse personalmente con Jesús, a quien sirven cada vez que se acercan al altar.

Fue un momento para dar gracias por el llamado recibido, por sus familias, por los coordinadores que los acompañan y por los esfuerzos que implica perseverar en este servicio: levantarse temprano, prepararse, cumplir con sus responsabilidades y dedicar parte de su tiempo a la vida de la comunidad.

También pusieron en manos del Señor sus sueños, confiando en que Él puede acompañarlos, orientarlos y llevarlos a plenitud. La oración se convirtió así en una oportunidad para recordar que la vocación se descubre y se fortalece en la relación cotidiana con Jesús.

En un gesto lleno de cariño, las familias compartieron abrazos fraternos; los padres agradecieron el esfuerzo de sus hijos y los coordinadores reconocieron la disposición de cada pequeño. De esta manera, el encuentro hizo visible que detrás de cada monaguillo hay una familia y una comunidad que acompañan su crecimiento humano y espiritual.

Monseñor Héctor Luis invita a los niños a caminar hacia la santidad

La jornada culminó con la celebración de la Eucaristía, presidida por Mons. Héctor Luis Morales Sánchez, obispo de la Diócesis de Nezahualcóyotl, quien, con la cercanía que lo caracteriza hacia los niños y adolescentes, los animó a descubrir que Dios también llama a los más pequeños y que ellos pueden ser testigos de su amor en medio de sus familias, escuelas y comunidades.

Durante su homilía, destacó el ejemplo de San José Sánchez del Río, patrono de los monaguillos diocesanos, cuya fidelidad a Cristo sigue siendo una inspiración para las nuevas generaciones. Su testimonio recuerda que la santidad no es una meta reservada para los adultos, sino un camino que comienza desde la infancia, cuando se aprende a amar a Dios y a vivir con generosidad.

Al recordar la frase atribuida a San José Sánchez del Río, «¡Nunca fue tan fácil ganarse el cielo!», invitó a los pequeños a reconocer que la santidad también se construye mediante acciones cotidianas: colaborar en las tareas del hogar con disposición y alegría, cumplir con sus deberes escolares, aprender a equilibrar las responsabilidades con la diversión y conservar un corazón alegre dispuesto a hacer el bien.

El mensaje fue una invitación a comprender que ser amigo de Jesús no consiste solamente en participar en las celebraciones de la Iglesia, sino en permitir que esa amistad transforme la manera de tratar a los demás, de obedecer, de compartir y de responder con amor a las pequeñas responsabilidades de cada día.

Así, cada monaguillo pudo llevarse una tarea concreta: ser testimonio vivo para otros niños que también desean acercarse a Dios, mostrando con sus acciones que vale la pena seguir a Jesús.

La generosidad también hizo posible la fiesta

Como cierre de las actividades, se realizó la rifa de diversos artículos, entre ellos una bicicleta donada por los Payasos Eucarísticos Misioneros. La venta de boletos, en la que participaron los propios monaguillos, permitió reunir recursos para contribuir a los gastos necesarios para la realización del encuentro.

Este gesto recordó que la colaboración de todos hace posible construir espacios de formación, encuentro y alegría para los pequeños servidores de la Diócesis.

La Dimensión Diocesana de Pastoral Vocacional expresó su agradecimiento a Mons. Héctor Luis Morales Sánchez por su apoyo y cercanía; a los Payasos Eucarísticos Misioneros, por compartir sus talentos y hacer de esta jornada una experiencia inolvidable; a los coordinadores de monaguillos, por su entrega y organización; a los padres de familia, por acompañar y apoyar a sus hijos en este servicio; y, de manera especial, a cada monaguillo, por su entusiasmo, responsabilidad y generosidad.

El Encuentro Diocesano de Monaguillos fue mucho más que un día de juegos y convivencia. Fue una oportunidad para renovar la amistad con Jesús, fortalecer los lazos entre las comunidades parroquiales y recordar que cada pequeño tiene un lugar importante en la vida de la Iglesia.

Entre cantos, abrazos, oración y sonrisas, quedó sembrada una invitación que continúa más allá de las puertas del Seminario: seguir a Jesús con alegría y buscar la santidad en las cosas sencillas de cada día, a ejemplo de San José Sánchez del Río.

Porque el Señor sigue llamando, también a los pequeños, y cada gesto de amor, cada responsabilidad cumplida y cada servicio ofrecido con alegría puede convertirse en una respuesta generosa a su llamado.

 

Información y redacción de: Anel Olivera López

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