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Conversión eclesial: los pobres

Publicado el 19 Mar 2026 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

 

HECHOS

Estamos en Cuaresma, oportunidad que Dios nos ofrece para revisar qué aspectos de nuestra vida personal y eclesial no son acordes con el camino de Jesús. Ciertamente hay muchos puntos en los que debemos ser más fieles al Evangelio; por ejemplo, no se pueden permitir abusos de menores, clericalismos o cuotas excesivas en los servicios sacramentales.

 

Sin embargo, uno de los puntos siempre pendientes de conversión es nuestra actitud hacia los pobres.

 

Puede resultar incómodo para algunos que se insista en este tema, pues hay quienes consideran que la espiritualidad consiste únicamente en rezar y practicar ciertas devociones. Se angustian si no rezaron el Rosario o la Coronilla de la Misericordia, pero no les preocupa la realidad de tantas personas que apenas sobreviven.

 

ILUMINACIÓN

Dios, por medio del profeta Isaías, nos revela cuál es el ayuno que Él quiere:

 

“El ayuno que yo quiero de ti es éste, dice el Señor: que rompas las cadenas injustas y levantes los yugos opresores; que liberes a los oprimidos… que compartas tu pan con el hambriento y abras tu casa al pobre sin techo; que vistas al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano…” (Is 58,6-11).

 

El Papa León XIV, en su exhortación Dilexi te sobre el amor hacia los pobres, insiste con fuerza en este punto, fundamental para ser la Iglesia que Cristo quiere:

 

“El corazón de la Iglesia, por su misma naturaleza, es solidario con aquellos que son pobres, excluidos y marginados… Los pobres están en el centro de la Iglesia… por lo cual no se trata de una misión reservada sólo a algunos” (111).

 

“Es necesario recordar que la religión, especialmente la cristiana, no puede limitarse al ámbito privado, como si los fieles no tuvieran que preocuparse también de los problemas de la sociedad” (112).

 

Advierte también con claridad:

 

“Cualquier comunidad de la Iglesia que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente de los pobres… correrá el riesgo de la disolución… terminando en una mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas y discursos vacíos” (113).

 

Y señala una forma profunda de incoherencia:

 

“La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual… La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada” (114).

 

Además, recuerda:

 

“No renunciamos a la limosna… siempre será mejor hacer algo que no hacer nada… necesitamos practicarla para tocar la carne sufriente de los pobres” (119).

 

Y concluye con una visión eclesial exigente y luminosa:

 

“Una Iglesia que no pone límites al amor… es la Iglesia que el mundo necesita hoy” (120).

 

ACCIONES

Preguntémonos con sinceridad: ¿somos realmente la Iglesia de Jesús? ¿amamos de corazón a los pobres?

 

Los sacramentos —especialmente la Eucaristía— y la oración son indispensables. Pero, como recordaba Benedicto XVI:

 

“Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma” (Sacramentum Caritatis, 82).

 

La Cuaresma es tiempo de conversión. Una conversión que pasa necesariamente por volver el corazón hacia los pobres.

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