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Conviértanse a mí de todo corazón

Publicado el 18 Feb 2026 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)

“Conviértanse a mí de todo corazón”, con esta llamada comienza hoy la Cuaresma.

 

No es un tiempo más en el calendario litúrgico. No es una costumbre religiosa que repetimos cada año. Es un tiempo propicio. Un regalo. Una oportunidad que Dios nos concede para volver a Él y para volver a nosotros mismos.

 

Hoy recibiremos ceniza en la frente. La ceniza nos recuerda que somos frágiles, que la vida pasa, que no somos eternos en esta tierra. Pero también nos recuerda algo más profundo: que de lo que parecía destruido, Dios puede hacer vida nueva. La Cuaresma es precisamente eso: morir al pecado para resucitar con Cristo en la Pascua. No caminamos hacia la tristeza, caminamos hacia la Resurrección.

 

La Iglesia nos propone tres prácticas muy concretas: ayuno, oración y limosna. No son cargas, son caminos de libertad.

 

El ayuno no es solo dejar de comer. Es aprender a dominarnos. Es decirle a nuestro corazón que no todo deseo tiene que convertirse en acción. Es ayunar de nuestras malas inclinaciones: del enojo fácil, del juicio constante, del orgullo que nos impide pedir perdón. Es ayunar de palabras hirientes, de la indiferencia, de la comodidad que nos adormece.


Ayunar es recordar que no somos esclavos de nuestros impulsos, sino hijos de Dios llamados a la libertad.

 

La oración es más que rezar fórmulas. Es abrir un espacio real para Dios. Es dialogar con Él. Es escuchar. En medio del ruido, de las preocupaciones, de las prisas, la oración nos centra. Nos recuerda quiénes somos y quién es Él.


En la oración redescubrimos que Dios es misericordioso, que no se cansa de nosotros, que nos espera. Pero también en la oración escuchamos su voz que nos llama a cambiar, a levantarnos, a comenzar de nuevo.

 

Sin oración, la Cuaresma se vuelve un esfuerzo humano. Con oración, se convierte en una obra de Dios en nosotros.

 

la limosna no es solo dar algo que nos sobra. Es darnos nosotros mismos. Es regalar tiempo, atención, escucha, paciencia. Es salir de nuestro propio mundo para entrar en el mundo del otro.

 

La limosna rompe el egoísmo y nos hace más semejantes a Cristo, que no solo dio cosas, sino que se dio totalmente en la cruz.

 

Ayuno que purifica. Oración que transforma. Limosna que ensancha el corazón.

 

Hoy comenzamos este camino. No lo iniciamos solos. Jesús camina con nosotros. Él ya recorrió el camino de la cruz. Él ya venció al pecado y a la muerte. La Cuaresma no es un esfuerzo desesperado por ser mejores, sino una respuesta confiada al amor de Aquel que nos ama primero.

 

Que la ceniza que recibimos no sea un gesto vacío. Que no sea solo tradición. Que sea un compromiso interior.

 

Pidamos al Señor que esta Cuaresma no pase sin dejar huella. Que al llegar la Pascua podamos decir: algo en mí ha muerto… y algo nuevo ha comenzado. Porque la Cuaresma no es un tiempo de tristeza. Es el tiempo en que Dios nos prepara para la alegría de la Resurrección.

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