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Todos necesitamos convertirnos

Publicado el 18 Feb 2026 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

 

HECHOS

Estamos iniciando la Cuaresma, tiempo propicio para corregir errores y esforzarnos por resucitar con Cristo a una vida nueva. Sin embargo, para algunos este tiempo pasa desapercibido. Para otros, es sólo la costumbre de recibir ceniza o de ver las representaciones de la Semana Santa como un espectáculo más.

 

Hay quienes realizan algunos sacrificios: controlan la comida y la bebida, buscan unirse a la Pasión de Jesús y ofrecen sus privaciones por el perdón de los pecados, propios y ajenos. Algunos dejan de comer pan o tortillas, reducen el tiempo frente a la televisión, limitan el uso del celular, se levantan más temprano o ayudan más en las tareas del hogar. Otros se abstienen de bebidas embriagantes durante estos días, aunque después regresan a lo de antes.

 

Todo esto es laudable y no puede menospreciarse; pero sería deseable que ese esfuerzo no fuera sólo temporal, sino un cambio más permanente para su propio bien y para el bienestar de la familia.

 

Por otro lado, no faltan quienes se consideran casi perfectos y no reconocen sus propios errores. Culpan siempre a los demás, sin aceptar que también fallan. En el matrimonio, por ejemplo, el esposo —sobre todo si conserva actitudes machistas— puede no aceptar sus equivocaciones y atribuir a la esposa todos los problemas. Y también sucede al revés: la esposa que se siente perfecta y no asume los cambios que debería procurar en su forma de ser y actuar por el bien de los hijos y del matrimonio.

 

El peor defecto es no aceptar los propios errores.

 

ILUMINACIÓN

El Papa León XIV, en su Mensaje para esta Cuaresma, nos invita a abrir el corazón a Dios y a los demás, y propone una conversión concreta, especialmente en el uso de la palabra. Afirma:

 

“La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.”

 

“Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu… El itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo.”

 

El Papa subraya que la disposición a escuchar es el primer signo de quien desea entrar en relación con el otro. Dios mismo escucha el clamor de su pueblo oprimido (cf. Ex 3,7), y esa escucha inaugura una historia de liberación. Añade:

 

“Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios.”

 

Pero advierte que el ayuno debe vivirse con fe y humildad, evitando el orgullo espiritual. Por ello propone una abstinencia muy concreta:

 

“Abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes… Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.”

 

La conversión no es sólo dejar ciertos alimentos; es transformar el corazón y el modo de relacionarnos.

 

ACCIONES

El mismo Papa recomienda:

 

“Pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás.”

 

Comprometámonos a que nuestras familias y comunidades sean lugares donde el grito de quien sufre encuentre acogida, y donde la escucha genere caminos de liberación.

 

Porque todos —sin excepción— necesitamos convertirnos.

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