Ambivalencias de la IA
Publicado el 13 Feb 2026 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
HECHOS
En mi computadora, cuando deseo escribir algo en Word, de inmediato aparece este letrero: “Describa lo que le gustaría redactar con Copilot”. Es decir, que yo indique unas ideas y la máquina se encarga de hacerme el trabajo.
Y cuando pongo en mi pantalla un documento largo que deseo leer, aparece este otro aviso: “Parece que este documento es largo. Ahorra tiempo leyendo un resumen usando el asistente de IA”. Es decir, que la máquina me puede hacer un resumen para que yo no tenga que leer todo el documento.
Yo no intervengo en nada; todo es obra de una máquina, que alguien ya programó. La máquina me sustituye y ya no tengo que pensar mucho. Esto tiene sus ventajas y sus desventajas.
Si esto nos sucede a todos en nuestros equipos electrónicos, cuánto puede hacer la llamada Inteligencia Artificial en todos los campos: medicina, aviación, comunicaciones, educación, entretenimiento, información, política, economía, etc. ¡Cuánto nos ayuda para llegar a un lugar determinado! La máquina te dice qué camino tomar y ya no tienes que preocuparte ni andar preguntando cómo llegar.
Esto tiene sus pros y sus contras. Se puede usar esta extraordinaria herramienta para bien, pero también puede emplearse con fines perversos o para que otros piensen y decidan por ti. Lo malo no es el avance científico y tecnológico que esto implica, sino el uso que se haga.
Puede auxiliar mucho, pero también puede despersonalizar y deshumanizar. Ya no eres tú quien construye y decide, sino una máquina. En algunas naciones ya se empieza a legislar para que los menores de edad no estén expuestos a todo lo que las redes ofrecen, porque pueden dañar el desarrollo de su cerebro y de sus capacidades personales.
ILUMINACIÓN
El Papa León XIV, en su Mensaje para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2026 (24 de enero de 2026), advierte:
“La tecnología digital, cuando se falla en su cuidado, corre el riesgo de modificar radicalmente algunos de los pilares fundamentales de la civilización humana… Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas.”
“El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico. Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos… A esto se sumó una confianza ingenuamente acrítica en la inteligencia artificial como amiga omnisciente… Todo esto puede desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo.”
“Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia…, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas.”
“La cuestión que nos importa no es lo que logra o logrará hacer la máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos… Renunciar al proceso creativo y ceder a las máquinas nuestras funciones mentales significa enterrar los talentos que hemos recibido.”
“El poder de la simulación es tal que la inteligencia artificial también puede engañarnos con la fabricación de realidades paralelas… Estamos inmersos en una multidimensionalidad donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción.”
ACCIONES
El mismo Papa León XIV nos propone:
“El desafío no es detener la innovación digital sino guiarla, siendo conscientes de su carácter ambivalente… Corresponde a cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de las personas humanas; aumentar nuestras capacidades personales de reflexión crítica; evaluar la credibilidad de las fuentes; comprender los mecanismos psicológicos que se activan; permitir a nuestras familias y comunidades elaborar criterios prácticos para una cultura de la comunicación más sana y responsable.”
Como católicos, podemos y debemos aportar nuestra contribución para que las personas —especialmente los jóvenes— adquieran la capacidad de pensar críticamente y crezcan en la libertad del espíritu.