Jóvenes de la Diócesis de Nezahualcóyotl peregrinan a Cristo Rey
Publicado el 03 Feb 2026 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)
Una experiencia de fe, sacrificio y esperanza en el marco del centenario de la gesta cristera
El fin de semana pasado, un numeroso grupo de jóvenes de la Diócesis de Nezahualcóyotl vivió una experiencia intensa y profundamente significativa al participar en la Marcha Nacional a Cristo Rey, conocida entre nosotros como la Peregrinación a Cristo Rey o al Cerro del Cubilete, lugar donde se levanta la imponente imagen del Cristo Rey del Cubilete.
Para algunos jóvenes no era la primera vez; para otros, fue su primer encuentro con esta peregrinación. En todos, sin embargo, quedó grabada como una auténtica aventura humana y espiritual. Desde los preparativos —especialmente el reto de reunir los recursos para el transporte— hasta las dificultades propias del camino, todo fue parte del aprendizaje.
Este año, la gran afluencia de peregrinos provocó un considerable caos vial en las inmediaciones del cerro. El autobús que transportaba a nuestro grupo tuvo que dejarlos lejos del punto habitual de inicio, lo que significó caminar una distancia mayor de lo previsto.
Según cálculos realizados con apoyo de mapas digitales, entre subidas y bajadas se recorrieron cerca de 44 kilómetros a pie. A ello se sumaron noches incómodas durmiendo prácticamente sentados en el autobús, la falta de comidas regulares, el intenso calor del día, el frío de la noche y la imposibilidad de bañarse durante al menos dos días.
Lejos de desanimar, todas estas vivencias se convirtieron en una escuela de vida. El cansancio, las incomodidades y el esfuerzo compartido ayudaron a los jóvenes a valorar aspectos fundamentales de la vida personal, familiar, académica y laboral, y a descubrir que la fe también se fortalece en la prueba.
Una peregrinación con memoria y significado histórico
La peregrinación de este año tuvo un significado especial, al enmarcarse en los 100 años del inicio de la gesta cristera. Al grito de ¡Viva Cristo Rey!, los mártires mexicanos entregaron su vida, y ese mismo grito resonó nuevamente en el corazón de miles de peregrinos que subieron al cerro para proclamar que Cristo sigue siendo el Rey de la historia y de la vida.
De acuerdo con algunos datos generales, se contabilizaron más de 1,800 autobuses, lo que podría representar alrededor de 80 mil asistentes. Sin embargo, varios autobuses no fueron registrados oficialmente, entre ellos cinco provenientes de nuestra diócesis, con un total de 254 jóvenes participantes. Esto permite suponer que la cifra real de peregrinos fue aún mayor. A pesar de todas las contrariedades, el objetivo se cumplió: llegar a la cima y encontrarse con el Rey de reyes y Señor de señores.
Envío misionero y acompañamiento pastoral
La participación de la Diócesis de Nezahualcóyotl inició con la Misa de envío, celebrada el viernes 30 de enero, a las 9:00 p.m., en la Catedral Jesús, Señor de la Misericordia. La Eucaristía fue presidida por el Pbro. Óscar Martínez López, asesor de la Pastoral de Adolescentes y Jóvenes (PAJ), acompañado por el Pbro. Guillermo Morgado, también asesor de la PAJ, así como por otros sacerdotes concelebrantes. Durante la celebración, varios de ellos ofrecieron el sacramento de la Reconciliación a los jóvenes peregrinos.
Al final de la Santa Misa, nuestro obispo, Mons. Héctor Luis Morales Sánchez, se hizo cercano a los jóvenes mediante una llamada telefónica, en la que los saludó, los animó a peregrinar con fe y les impartió la bendición, signo de la comunión y el acompañamiento de toda la Iglesia diocesana.
La peregrinación se llevó a cabo el sábado 31 de enero, y el domingo 1 de febrero el grupo asistió a un balneario, donde pudieron convivir, descansar y recuperar fuerzas antes de regresar a casa. En ese lugar, el Pbro. Guillermo Morgado presidió la Santa Misa, dando gracias a Dios por la experiencia vivida, para después compartir un momento de sana convivencia y recreación.
Un llamado que permanece
Más allá del cansancio y las dificultades, esta peregrinación dejó una huella profunda en los jóvenes de nuestra diócesis. Fue una experiencia fascinante y única. Subir al Cerro del Cubilete fue, para nuestros jóvenes, un recordatorio de que la fe se camina, se sufre, se comparte y se celebra.
Esta vivencia invita a toda la comunidad diocesana a seguir acompañando a nuestros jóvenes, a orar por ellos y a reconocer que, cuando la fe se vive con entrega, incluso el camino más largo y cansado se convierte en un encuentro transformador con Cristo Rey.