La Presentación del Señor: fe, luz y respeto al Niño Dios
Publicado el 26 Jan 2026 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)
Cada 2 de febrero, la Iglesia celebra la Presentación del Señor, memoria del momento en que María y José llevaron al Niño Jesús al Templo para presentarlo al Señor, conforme a la Ley. Es una fiesta profundamente cristológica: Cristo, Luz para alumbrar a las naciones, es reconocido y acogido en la fe del pueblo sencillo.
En nuestro país, esta celebración se vive con un acento particular y entrañable: los fieles llevan a la Santa Misa la imagen del Niño Dios, vestida con esmero, para recordar aquel gesto de fe y obediencia de la Sagrada Familia. Junto a ello, se realiza la bendición de las velas o candelas, signo visible de Cristo, Luz que vence las tinieblas. De ahí que esta fiesta sea conocida popularmente como el Día de la Candelaria.
La imagen del Niño Dios: signo de fe, no un disfraz
La imagen del Niño Dios no es un objeto decorativo ni una figura para la fantasía. Representa al mismo Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, que se hace pequeño por amor. Por eso, la tradición cristiana pide tratarla con respeto y sentido religioso.
Vestir al Niño Dios es un gesto legítimo cuando expresa la fe de la Iglesia. Es adecuado hacerlo con un ropón o con alguna advocación del mismo Jesús Niño —por ejemplo, el Divino Niño o el Niño de la Salud—, cuidando siempre que lo que se exprese sea la identidad de Cristo.
Conviene recordar con claridad:
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+ No se trata de un disfraz.
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+ No se viste como santos, ángeles u otros personajes, por muy queridos que sean.
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+ La imagen debe ayudar a contemplar el misterio de la Encarnación, no a desdibujarlo.
Cuando se pierde este sentido, se corre el riesgo de trivializar una expresión de fe que, bien vivida, puede ser profundamente catequética.
La luz que se recibe y se comparte
La bendición de las candelas no es un gesto aislado. Es una invitación a dejar que Cristo ilumine la vida cotidiana: el hogar, el trabajo, las decisiones y los momentos de dificultad. Llevar la vela bendita a casa recuerda que Jesús quiere habitar nuestra historia concreta.
Una tradición que forma y evangeliza
La celebración de la Presentación del Señor enseña que la fe se vive con gestos sencillos, pero cargados de sentido. Presentar al Niño Dios en la Misa, vestirlo con respeto y recibir la luz de las candelas es una manera concreta de decir: Jesús es el centro de nuestra vida y de nuestra familia.
Que esta fiesta renueve en nosotros el asombro ante Dios que se hace pequeño, y nos ayude a custodiar con amor y reverencia los signos que alimentan la fe del pueblo.