El grito de los pobres desde los camellones
Publicado el 14 Oct 2025 por Pastorales Diocesanas (Comisiones y Dimensiones)
Por TomPich.- La pobreza se muestra sin filtros en los camellones de las avenidas de nuestra ciudad, donde grupos de personas pasan el día limpiando parabrisas de autos a cambio de unas cuantas monedas, que en muchos casos no alcanzan ni para calmar el hambre con un pedazo de pan, sino que terminan en un solvente que adormece el vacío doloroso que produce el hambre. Esta imagen confronta nuestro ser cristiano y nos obliga a detenernos para sentir el peso de esa realidad: los pobres no son estadística, son vidas que claman por el reconocimiento de su dignidad en medio de la indiferencia cotidiana, de quienes pasamos a su lado sin voltear a verlos.
En las periferias existenciales de nuestras ciudades, estas comunidades son un mosaico doloroso de historias vivas: hombres y mujeres tostados por el sol, jóvenes con sueños truncados, niños que deberían jugar en lugar de mendigar y ancianos que merecen descanso en vez de una fatigosa lucha diaria. Muchos de ellos, en tiempos pasados, contribuyeron con trabajos dignos y productivos a la sociedad que ahora los excluye y los margina. Y entre ellos exclamación con su presencia: "¡Yo también soy Iglesia!". Es un recordatorio poderoso de que la Iglesia no debe ser un club exclusivo, sino un lazo que nos une en la vulnerabilidad, invitándonos a reconocer al Cristo sufriente en cada rostro herido que deambula por nuestras calles.
Esta escena tan cruda resuena con fuerza en la reciente exhortación apostólica Dilexi te del Papa León XIV. Al inicio de su exhortacvión el Papa nos sumerge en las palabras de Jesús: "Te he amado" (Ap 3,9). Se trata de un amor que no depende de méritos ni fortunas, sino que abraza la debilidad misma, recordándonos que Dios elige a los pequeños para confundir a los fuertes. León XIV nos invita a reflexionar: ¿cómo podemos ignorar este amor si Cristo mismo se hizo pobre para estar cerca de nosotros?
A lo largo del documento, el Papa nos exhorta con urgencia a poner atención especial a quienes padecen pobreza, viéndola no como un problema lejano, sino como un encuentro privilegiado con el Señor. En el número 9 de su texto, describe los "numerosos rostros de la pobreza": la material, que deja sin sustento; la social, que silencia la dignidad; la moral y espiritual, que vacía el alma; la cultural, que roba identidades; y la de quienes carecen de derechos, espacio o libertad. "En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo", escribe, llamándonos a una "opción preferencial por los pobres" (n. 114) que no excluye a nadie, sino que revela el corazón compasivo de Dios ante toda debilidad humana. No es filantropía fría, sino fe viva: amar al pobre es amar a Jesús.
El Papa denuncia con claridad la "cultura del descarte" que tolera con indiferencia el hambre y las condiciones indignas, alimentada por una economía que mata y una meritocracia falsa que culpa a los pobres por su suerte. Nos motiva a "dejarnos evangelizar por los pobres" (n. 102), colocándolos en el centro de la Iglesia, porque son maestros del Evangelio. San Francisco de Asís, cuya fiesta marcó la firma de este texto, nos inspira como modelo: un hombre que abrazó la pobreza para liberar a los oprimidos.
Queridos hermanos, Dilexi te no es solo un documento; es un llamado a despertar.
Reflexionemos: ¿qué estamos haciendo con ese "¡Yo también soy Iglesia!" que nos gritan desde los camellones? Que esta exhortación nos impulse a actuar con sencillez: con una mano tendida, con una escucha atenta, con un compromiso por la justicia. Porque en cada pobre que atendemos, Cristo dice: "Te he amado". Y en nuestra respuesta florece una Iglesia más humana, más evangélica, más luminosa. ¡Levántate y ama! El mundo necesita tu corazón abierto para sanar estas heridas.